Una investigación desarrollada en Ecuador y publicada en la revista Psychological Reports aporta luz sobre las diferencias clave en los detonantes emocionales de las adicciones conductuales. El estudio revela que, aunque los jugadores patológicos de apuestas y los videojugadores compulsivos comparten rasgos de impulsividad general, las motivaciones subyacentes que alimentan su comportamiento difieren radicalmente: mientras que la apuesta se dispara por la búsqueda de euforia, el exceso con los videojuegos funciona como una vía de escape frente al malestar emocional.
El impacto cotidiano y clínico: Entendiendo los detonantes
Para psicólogos clínicos y terapeutas, comprender estas diferencias es crucial a la hora de diseñar estrategias de intervención efectivas. La conducta compulsiva —caracterizada por repetir actos a pesar de sus consecuencias negativas— no responde al mismo mecanismo en todos los pacientes. Identificar si el paciente busca escapar de la angustia (urgencia negativa) o persigue una recompensa trepidante (urgencia positiva) permite personalizar los tratamientos para adicciones digitales y del juego, mejorando el pronóstico terapéutico en la consulta diaria.
Metodología, muestras y hallazgos técnicos del estudio
A nivel metodológico, el equipo liderado por investigadores de la Universidad de Guayaquil evaluó a una muestra de 165 videojugadores regulares (edad promedio de 23 años; 39 mujeres) y 130 apostadores regulares (edad promedio de 33 años; 52 mujeres) procedentes de las principales ciudades del país. Los criterios de inclusión requirieron participación activa al menos dos veces por semana durante los últimos 12 meses, excluyendo trastornos neurodegenerativos o del neurodesarrollo.
Los participantes completaron evaluaciones estandarizadas para medir la impulsividad a través del modelo UPPS-P (que desglosa la conducta en cinco facetas: urgencia negativa, urgencia positiva, falta de premeditación, falta de perseverancia y búsqueda de sensaciones) junto con escalas de compulsividad y severidad clínica:
- Prevalencia clínica: El 54% de los apostadores cumplió con el umbral diagnóstico de trastorno por juego, en contraste con el 15% de los videojugadores que alcanzó el criterio para el trastorno por juego en internet.
- Niveles globales de impulsividad: No se hallaron diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos en los promedios globales de las cinco facetas de la impulsividad. Sin embargo, los apostadores mostraron puntuaciones de compulsividad significativamente más altas.
- Modelos de predicción estadística: El análisis de regresión evidenció que la urgencia positiva (impulsividad impulsada por emociones e intensidad eufórica) actúa como un predictor de mayor peso en la compulsividad de los apostadores, vinculándose con disfunciones frontostriatales e hipersensibilidad a la recompensa.
- Por el contrario, la urgencia negativa (actuar de forma temeraria ante la frustración, ira o ansiedad) demostró una asociación mucho más fuerte con la compulsividad en los videojugadores, apuntando a que el uso problemático de videojuegos opera primariamente como un mecanismo desadaptativo de regulación del estrés y escape emocional.
El estudio, titulado Differences in the Relationship Between Impulsivity and Compulsivity Between Video Gamers and Gamblers y firmado por María Jara-Rizzo, Diego Erazo-Pérez, Jose C. Perales y Jose A. Rodas, destaca las limitaciones de su diseño transversal y la disparidad en la severidad clínica de las muestras, abriendo la puerta a futuras líneas de investigación longitudinal sobre los correlatos neurobiológicos de las adicciones conductuales.
